viernes, 2 de octubre de 2009

El Sáhara entre cielo y Tierra de Federico Guzmán

Hasta el 20 de octubre de 2009 estarán expuestas las obras de la exposición Cielo y Tierra de Federico Guzmán, entre las que se incluyen varios trabajos sobre el Sáhara y la situación actual del pueblo saharaui.

El curso que se puede discurrir no es el curso permanente.
El nombre que se puede nombrar no es el nombre permanente.
Sin nombre es el origen del cielo y de la tierra.
Con nombre es la madre de todos los seres.

Por eso,
en la nada permanente se vislumbrará su misterio,
en el ser permanente se vislumbrará su límite.
Ambos brotan de lo mismo, aunque tienen distinto nombre.

Juntos significan oscuridad.
Oscuridad y oscuridad, puerta de todos los misterios.

Lao Zi
Tao te king

Hace cuatro años que no expongo individualmente en mi ciudad natal y vengo con muchas ganas de mostrar los nuevos trabajos. Se trata de cinco pinturas de gran formato y dos esculturas que hablan de nuestra relación con la naturaleza y del arte como vía de conocimiento y transformación.

La exposición se titula Cielo y tierra en referencia a nuestro papel en el cosmos y a la forma en que la medicina china concibe al hombre, como producto de la interacción de las energías del cielo y la tierra, lo masculino y lo femenino, el ying y el yang.

Una de las pinturas en la exposición representa ese cielo y tierra como dos espirales complementarias girando sobre una paleta de pintor. Según el Tao te king estas dos fuerzas nacen de "lo que no tiene nombre (el dao o curso en su fase incognoscible, indivisa, indistinta e inefable, anterior a cualquier distinción) que es lo indeterminado, pero contiene todos los nombres o todas las determinaciones en potencia" (Comentarios de la edición del Tao te king de Anne-Hélène Suárez Girard, página 30).

Otra de las obras de la exposición es Sangre y savia, una pintura en rojo y verde que representa un arbusto o arbolito cuyas raíces se han convertido en unos bronquios que se ramifican en el sistema circulatorio humano o animal. Esta pintura explora el hecho de que el color rojo de la hemoglobina y el verde de la clorofila son complementarios al igual que nuestra respiración se complementa con la de las plantas. En una conversación con Jacques Girardon, el botánico Jean-Marie Pelt explica esta fascinante complementariedad:

"Fuera de la ciencia ha habido una corriente de pensamiento que se ha seguido desde la Edad Media y que culminó con Goethe. Intentaba comprender el orden de la naturaleza por analogías. Una de esas analogías me seduce particularmente. Observemos un árbol: le crecen ramas de las que brotan hojas que, sumergidas en el aire, toman de él gas carbónico con el que fabrican azúcares y expulsan oxígeno... Es el mundo vegetal. Fijémonos ahora en un cuerpo: no tiene ramas sino bronquios. Estos están sumergidos, no en el aire, sino en la sangre de la que toman el oxígeno con el que descomponen los azúcares disueltos en ella por la alimentación, luego los absorben y expulsan carbónico... Es el mundo animal. Ahí tiene esta extraña similitud entre el mundo verde y el mundo rojo que son complementarios en lo sucesivo. Uno se exterioriza cuando el otro se interioriza. Cuanto más desplegados hacia el exterior tiene los órganos, tanto mejor para el mundo vegetal, que se esfuerza por presentar la mayor superficie posible a la luz del sol. Cuanto más protegidos, abrigados en el interior del cuerpo, tanto mejor funcionan esos órganos para el mundo animal".